En 1999, Rod Salm se puso la máscara de buceo y se preparó para presenciar más muertes.
El fuerte fenómeno de El Niño de 1997 y 1998, el más intenso registrado hasta entonces y un inquietante presagio de olas de calor marinas más frecuentes y severas provocadas por el cambio climático, había provocado el mayor episodio de mortandad y blanqueamiento de corales registrado hasta la fecha.
Salm, que por entonces era el nuevo director del Programa Marino de Asia-Pacífico de TNC, estaba recorriendo las áreas marinas protegidas de TNC en todo el Pacífico para hacer un inventario de los daños.
Frente a la costa de Palau, una fuerte corriente arrastró a Salm más allá de unos arrecifes de barrera muertos hasta unos arrecifes poco profundos que, para su sorpresa, estaban vivos.
A raíz de ello, planteó la hipótesis de que la fuerte corriente, así como las corrientes ascendentes, podrían haber ayudado al coral a superar el episodio de blanqueamiento. Las observaciones de Salm contribuyeron a la elaboración del primer protocolo internacional oficial para identificar arrecifes resilientes.
En 2001, Salm reunió a un pequeño grupo de investigadores en Hawái. Durante días, el grupo reflexionó sobre cómo ayudar a los arrecifes a sobrevivir a los episodios de blanqueamiento en el futuro.
La actual directora del equipo global de Océanos de TNC, Elizabeth McLeod, fue una de las investigadoras que participó en el ejercicio. McLeod indica que “había, literalmente, trozos de papel por todo el suelo llenos de ideas”.