- La Amazonía ecuatoriana recupera su fuerza con un proyecto que supera metas y conecta comunidades.
- Más de 70.000 plántulas transforman paisajes y abren oportunidades para la conservación y la economía local.
- Acuerdos comunitarios y alianzas estratégicas marcan el camino hacia un modelo sostenible para Pastaza.
En Pastaza, los bosques recuperan su verdor y empiezan a renacer, donde antes hubo pastizales y suelos degradados, hoy crecen especies nativas, como cedro, caoba, canelo, uva de monte, entre otras; las cuales prometen bienes y servicios vitales para la vida en la Amazonía. No es solo un cambio en el paisaje: es la historia de cientos de manos que eligieron apostar por la conservación y la esperanza.
Esta provincia es considerada el corazón de la Amazonía ecuatoriana, hogar de una biodiversidad excepcional y de siete nacionalidades indígenas. Su vasta red hídrica sostiene ecosistemas vitales, pero enfrenta una alta presión de deforestación. Estas condiciones la convierten en un territorio estratégico y prioritario para la restauración y conservación.
“Cada árbol que sembramos es una respuesta al cambio climático y una apuesta por la vida”, afirma Fabián Tamayo, Coordinador Forestal de TNC Ecuador, mientras recorre una de las áreas restauradas. “Este proyecto demuestra que la restauración no es un sueño, es una realidad que se construye con técnica, compromiso y cultura”.
Más que cifras, un cambio de paradigma
El proyecto superó su meta inicial: 688 hectáreas restauradas frente a las 640 previstas, un número que fue antesala de los que vendrían, más de 70.000 plántulas de 57 especies nativas fueron producidas, y 41.000 ya están en campo. A esta iniciativa se sumaron cuatro comunidades kichwas (Chuya Yaku, Santa Cecilia de Villano, Pandanuque y San Virgilio) y 24 familias de socios individuales que también firmaron acuerdos de conservación por cinco años. En total, cerca de 300 personas participaron en mingas, talleres y capacitaciones que fortalecen capacidades locales y crean emprendimientos sostenibles.
Dora Vargas de la comunidad Chuya Yaku recuerda cómo su padre les enseñaba a cuidar los árboles y la relación con la vida, para ella no es solo sembrar sino también una relación con la naturaleza, y las futuras generaciones. “Estas plantas van a crecer y cambiar nuestro entorno, es rescatar a la naturaleza y darle su espacio… esto no es perder terreno, es ganarlo”, nos comenta.
Innovación y resiliencia en la selva
Los retos fueron muchos: transporte en zonas remotas, lluvias interminables, caminos de lodo, y cuando las acémilas no fueron suficiente, las comunidades recurrieron a las changuinas, canastas tradicionales que permitieron llevar hasta 20 plántulas por persona sin dañarlas. En otras jornadas, la solidaridad y la actuación rápida fue clave, un técnico herido en campo fue trasladado en caballo para recibir atención médica luego de un percance, lo que enfatizó que la seguridad es tan importante como la técnica.
“Gracias a este apoyo, nuestros hijos conocerán las maderas que han sido parte de nuestra historia”, añade María Pallo, de San Virgilio, reafirmando que la restauración también es herencia.
Beneficios que trascienden
En el corto plazo, la cobertura vegetal protege el suelo y mejora la infiltración de agua, a mediano plazo, los sistemas agroforestales y silvopastoriles aumentan la fertilidad y crean hábitats para la fauna. Mientras que, a largo plazo, la restauración conectará paisajes entre Arajuno, El Triunfo y San José, recuperando funciones ecosistémicas y fortaleciendo medios de vida con turismo comunitario, piscicultura y chakras diversificadas.
“La restauración no termina con la siembra; empieza con el compromiso”, enfatiza Tamayo.
Un modelo para la Amazonía
Este esfuerzo, liderado por el Ministerio del Ambiente, PNUD y The Nature Conservancy, con apoyo del Gobierno Provincial de Pastaza y la Universidad Estatal Amazónica, no solo cumple con los compromisos del Plan Nacional de Restauración Forestal y la estrategia REDD+. También deja una enseñanza clara, que la conservación es posible cuando la técnica se une con la cultura y la gente.
La Amazonía ecuatoriana enfrenta amenazas crecientes: deforestación, pérdida de biodiversidad, degradación del suelo y disminución de fuentes hídricas. Estos impactos no solo afectan a la naturaleza, sino también a las comunidades que dependen de ella para su alimentación, agua y economía. Restaurar significa revertir estos procesos, recuperar funciones ecosistémicas y reducir emisiones de carbono, contribuyendo a los compromisos globales frente al cambio climático.
Para TNC, la restauración no es solo plantar árboles: es reconectar paisajes, garantizar conectividad ecológica y crear resiliencia frente a eventos extremos. Cada hectárea restaurada ayuda a mantener corredores biológicos, proteger cuencas hídricas y asegurar que la Amazonía siga siendo un regulador climático para el planeta.
La restauración forestal es una herramienta clave para conectar paisajes saludables con bienestar humano, consolidando un modelo replicable que fortalece la resiliencia ecológica y social en territorios amazónicos.
Mantente conectado con la naturaleza
Suscríbete a ConservAcción, nuestro boletín mensual en español.